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La villa de San Leonardo, en otros tiempos incluida en la provincia de Burgos pertenece a la de Soria desde 1833. Orientada al noroeste del mapa provincial, su termino se inserta en la Comarca de Pinares, extensos montes de pinos que representan una de las mayores manchas verdes del territorial peninsular (79.16 Ha)

En la Edad Media, la historia de San Leonardo esta vinculada a la Abadia de San Pedro de Arlanza. A partir de 1562 las figuras de Juan Manrique de Lara y Ana Fajardo, será fundamentales para el futuro de la población

Este libro cuyo autor es Carmelo Rubio de la Iglesia, fue concejal  por el partido socialista hace referencia a la Conciencia Histórica

“ La memoria colectiva de este prodigio del espíritu de un pueblo gracias al cual se llaga a ver que ya no solo las raíces  sino hasta ciertos rasgos de la fisonomía y del carácter de una comunidad se viene labrando y perfilando sin interrupción con una parsimonia y tenacidad de siglos. Esta memoria colectiva es de gran valor en orden a valorar las raíces que nos arraigan con el pasado y en orden al reconocimiento de nuestra identidad histórica en el conjunto de los demás pueblos y en relación con sus respectivas culturas. De modo que vivir sin reconocer este arraigo, es decir, sin memoria colectiva, vendría a ser como padecer una especie de “Alzeheimer “ social de lo que solo se puede esperar un lamentable empobrecimiento, como el que supone desconocer  lo que somos como tal pueblo ignorar como hemos llegado a ser lo que socialmente somos

Un elemental sentido realista de la historia nos obliga a tener en cuenta y valorar debidamente cuanto hacen los miembros de una sociedad  en el transcurso de los años. Es todo lo hecho por nuestros antepasados a  través de los siglos y lo que en nuestro tiempo seguimos haciendo nosotros  por lo que constituye el patrimonio común.

De aquí la oportunidad de hacer colocación  del siguiente pensamiento de Ortiga  y Gasset que dice:” Negar el pasado es absurdo e ilusorio, porque el pasado no esta ahí y no se ha tomado el trabajo de pasar para que lo neguemos, sino para lo integremos.

 

Uno de los objetivos de la Fundación Yagüe, es dar a conocer el pueblo de San Leonardo de Yagüe a todos los niveles y así  a todas las personas que han pasado por nuestra Tribuna de Oradores, como recuerdo de su estancia entre nosotros se les ha regalado el Libro “ San Leonardo de Yagüe Historia y Cultura” autor Carmelo Rubio de la Iglesia y en la actualidad se les obsequia con el libro “El General Yagüe Imagines Inéditas editado por la Fundación y autora Maria Eugenia Yagüe

 

DOS PERSONALIDADES EN LA HISTORIA DE SAN LEONARDO

Autor Mariano Arranz julio de 1985

 

Todos los pueblos tienen su pequeña historia y el nuestro por supuesto también la tiene y, si es poco conocida, es porque nadie se ha preocupado por estudiarla  y divulgarla.

No pretendo hacer de historiador, pues no tengo ni capacidad ni títulos para ello; modestamente, solo pretendo narrar  unos acontecimientos y hechos ocurridos en dos épocas muy distantes una de otra, en las que en nuestro pueblo, fueron protagonistas principales, dos personalidades muy importantes en su tiempo

La primera se refiere principalmente al siglo XVI, cuando la villa de San Leonardo paso a depender y vivió bajo el Mayorazgo del Duque de Najera y Conde de Treviño, don Juan Manrique de Lara, según datos tomados del libro Becerro  a Carta ejecutoria dictada por el Rey Felipe II, en el  pleito  mantenido entre los vecinos y el citado D, Juan Manrique de Lara (1563-1569).

La segunda, aunque reciente, es también historia que viví directamente como otros hombres y mujeres de mi tiempo, en la que pretendo recordar, analizar y valorar el desarrollo producido  en San Leonardo a partir de 1940 bajo la protección del General Excmo Sr. Don Juan Yagüe que deseo se hiciera realidad en su pueblo el lema “Paz y Trabajo” consciente de que el trabajo dignifica al hombre y le proporciona el bienestar social que le hace sentirse libre.

En mi infancia, nunca me hablo nadie de la Historia del pueblo, lo que me habría gustado conocer además de satisfacer mi curiosidad infantil.

Ello me ha animado a escribir las páginas que siguen y, me sentiría contento, si estas llegan a ser divulgadas y leídas a los niños y jóvenes de mi pueblo, pues a ellos, especialmente, van dirigidas

 

PEQUEÑA HISTORIA DE SAN LEONARDO

EN LOS SIGLOS XII AL XIV

 

En los felices años de mi infancia, allá en mi pueblo, el castillo era un lugar atrayente para nosotros los niños. Aquellos muros evocaban en nuestras mentes infantiles, gestas heroicas, batallas de moros y cristianos que rememorábamos simulando los dos bandos contendientes, unos dentro  y otros fuera de aquellas murallas.

Más tarde me entere que, el castillo, era de una época posterior a la dominación musulmana. Con frecuencia, hablábamos  de la casa del Duque y que éste, había sido el señor Feudal

Tenía yo 15 años cuando un hombre mayor de mi pueblo, me hablo de que existía y se guardaba  en el Ayuntamiento, un libro Becerro en el que, afirmaba, se reconocía ciertos privilegios a la villa. Todos estos datos, despertaban mi curiosidad y hacia que cada vez me sintiera mas interesado por conocer la historia de mi pueblo,

Pasaron muchos años hasta que, por azar, llegaron a mi poder unas notas sacadas de los archivos de la Abadía Benedictina de Santo Domingo de Silos de las que  se deduce que la historia de San Leonardo-nuestro pueblo-empieza en 1193 cuando el rey Alfonso VIII hace entrega de la Villa a la Abadía de San Pedro de Arlanza a cambio de la Jurisdicción  sobre la Villa de San Esteban encargando  a los monjes Benitos, regir y administrar la Iglesia y el Hospital, que entre sus muros, habían construido los cristianos que resistieron  a los musulmanes. El 23 de agosto de 1231, el rey Alfonso X, confirma esta donación con la entrega además, de otras aldeas colindantes.

De todo tuvo posesión el Monasterio de Arlanza, hasta que el rey Felipe II, consiguió la Bula de la Santa Sede para vender las Villas, comprándolas todas el Duque de Najera y el Conde de Treviño don Juan Manrique de Lara y su esposa la Duquesa doña Juana de Fajardo y Cardona quien aporto el capital.

Estos señores fundaron el Mayorazgo de San Leonardo en 562 que se hizo efectivo cuando pagaron al Rey las alcabalas y tercias de los mencionados lugares: 7 cuentos, 931.380 maravedíes de vellón.

Sobre el cerro-a cuya falda estaba la población- levantaron desde los cimientos, un fuerte castillo de tres pisos-uno subterráneo-de muros de 11 pies de exteriores y 9 los interiores. La fortifico  con diez piezas de artillería y otros pertrechos de guerra, además, de una excelente armería. Hizo en él habitaciones que adorno con jaspes, oratorio, cocinas, una rica escalera, aljibe de sillería y bóvedas que ocupaban todo el patio.

En el escudo de armas de los Manrique de Lara, figuraba la siguiente leyenda: “Nos nom venimos de Reyes, que Reyes vienen de nos” lo que nos da la idea de la estima y orgullo que sentían de su linaje,

Con todo esto, mi curiosidad no esta satisfecha. En el año 1961 a 1962, siendo concejal del Ayuntamiento de nuestro pueblo, tuve la ocasión de ver y examinar el famoso libro Becerro celosamente guardado en las arcas municipales.

Se trata de un grueso volumen, escrito en pergamino, en castellano antiguo y a veces en latín con letra gótica lo que hace su lectura muy dificultosa; forrado con rustica piel, de él penden en filos  de seda a colores, el sello de plomo de la Casa Real. Supe que por encargo de una personalidad  del pueblo, un estudioso  o técnico, había sacado una copia mecanográfica una de ellas por mediación de un amigo.
En este libro-como veremos después-la Carta ejecutoria  que da  y firma el rey Felipe II, en la que se recogen todas las actuaciones, recursos, replicas y contrarreplicas en el pleito entre los vecinos de la Villa de San Leonardo y sus aldeas y D. Juan Manrique de Lara en el siglo XVI (años 1563-1569)

Al leerlo  me di cuenta de que aquel manuscrito, esta una parte muy importante de la Historia de nuestro pueblo, desconocido-desgraciadamente- por mas del 95% de sus habitantes.

En los cuatro siglos (1193-1562) en que la posesión de la villa y sus aldeas, la tuvieron  los monjes  benedictinos del Convento de Arlanza, se deduce que,  aquellas comunidades de gentes  sencillas que poblaron aquella fría y dura  comarca, habían organizado su vida, basando su economía en la ganadería que pastoreaba en los montes y dehesas y con el trato de la madera que cortaban en los frondosos  bosques de pinos, maderas que ellos mismos elaboraban artesanalmente y después trasportaban en las carretes de bueyes tanto atierras de Aragón como a otras comarcas de Castilla. Al parecer, disfrutaban también de cierta autonomía en la administración y orden interno del Concejo.

Al tomar posesión de la Villa y su tierra, don Juan de Manrique de Lara como nuevo señor. quiso limitar en todas sus ordenes los derechos y privilegios que por uso o costumbre disfrutaban los vecinos “entrometiéndose “  dicen, en todo aquello que era competencia del alcalde  ordinario y concejo, retirando o quitando las varas(símbolo de autoridad) a los regidores  sin terminar su mandato, prohibiéndoles reunirse en concejo y tomar acuerdos, sin estar presente el licenciado Pérez de Najera, Alcalde Mayor de la Villa, nombrado por su sr. Feudal y a su servio.

Con el pretexto de que las cortas de madera que realizaban en los pinares, eran excesivas, no les permitía hacer cortas o repartos de pinos, por un importe superior a los 3.000 maravedíes, con  lo que se condenaba  a la miseria a los vecinos, cuyo principal medio de subsistencia, era la venta de la  madera.

Por medio del Procurador Juan de Leonardo, hicieron requerimientos al Licenciado Perez de Najera, revindicando sus derechos, sin resultados positivos.

En esta situación, el pueblo reacciono con valentía y, al son de campana tañido, se reunieron en concejo el día 29 de septiembre  de 1563, para ante escribano publico, dar poderes  a los Procuradores  de Valladolid, don Pedro de Salazar y don Pedro Mori, siendo el primero de ellos el que llevo el pleito hasta el final.

Don Juan Manrique de Lara, unía a sus títulos nobiliarios de Duque y Conde el de Capitán General de Artillería y los cargos políticos de Clavero de la Orden de Calatrava, Consejero de Estado  y Mayordomo de la Reina; era por tanto una personalidad muy poderosa en la Monarquía de Felipe II

Se supone que, los vecinos, sabían con quien se enfrentaban, pero no les quedo otra alternativa e iniciaron  el pleito que había de durar seis años.

El día 4 de septiembre de 565, pronuncia la Audiencia de Valladolid el primer fallo con el que el pueblo no estaba de acuerdo y lo recurren, en cuya suplicacion, entre otros razonamientos exponen: que tenían probado haber tenido dello costumbre inmemorial, que había sido la de repartir los dichos pinos entre los vecinos de la Villa y tierra, todas las veces que habían querido y por bien habían tenido, con una moderada  tasación  y que uso y posesión, estaba fundado en muy justa razón, que era la esterilidad  de dicha tierra, que era de tal condición que no se podía labrar ni sembrar ni recibirse della aprovechamiento con lo que dichos sus partes, pudieran  pasar, ni sustentarse si no eran con el trato de la madera y de cesar aquel, les seria necesario despoblar la tierra e irse a otros lugares”

Así mismo alegamos: era cosa averiguada, que cada provincia y pueblo. abundaban la inteligencia y conocimiento de lo conviniese, a conforme aquello, era presunción  que disponga sus  cosas, tenían el cuidado que convenia en ello, como cosa en que les va todo  su ser y poder  permanecer en la tierra

La Real Audiencia de Valladolid, pronuncio un nuevo fallo el 30 de septiembre  de 1566 muy favorable a los vecinos que decía” y haciendo justicia, mandamos, que los vecinos de dicha Villa de San Leonardo y su tierra, pueda cortar y corte en los dichos pinares de la Villa y lugares de su tierra, para vender, todos los pinos que quisiera y por bien tuvieren, pagados los maravedíes que  les cupiera pagar en los repartimentos según  como hasta aquí lo han acostumbrado hacer y los tales maravedíes  que ANSI les fueren repartidos, mandamos se eche en el arca común de la villa y tierra para que de allí se gaste o distribuyan como se gasta los otros propios….”

Y manda, que en el principio de cada año, se junten dos personas nombradas  por el Concejo con el Alcalde  Mayor de Don Juan Manrique de Lara para que juntos señalen  la parte y lugar donde se han de hacer las cortas.

Este ultimo punto  no satisfizo  a la parte de don Juan de Manrique de Lara y la recurrió alegando: “que al ser dos partes  de los vecinos y uno por su parte, siempre se haría lo que acordara la parte de vecinos si no se le daba tanto valor de su parte, como al de los dos nombrados por el Concejo y de no ser así no se conseguiría el fin que se pretendía, que era que el dicho Concejo no pudieran talar los montes”

A lo que la parte de los vecinos, replico: “que siendo como era los dichos pinos el único aprovechamiento o refuxio que para sustentacion, los dichos sus partes tenían, como estaría probado, bien se le podía fiar que en la corta dellos, tendrían la cuenta y miramiento o advertencia que convenga para perpetuidad y conservación de ellos, con mas vigilancia  que no el Alcalde Mayor de la parte contraria, que había sido letrado y se mudaba cada día, o ansi podría tener poca  o ninguna noticia de lo acerca de lo susodicho  convendría hacer”

Despues de estas alegaciones, el fallo final fue a favor de los vecinos el dia 0 de abril de1569

Cuando despues de mas de cuatro siglos, escribo esta modesta narración al analizar todo lo cual en aquel pleito se discutió siento una mezcla de admiración y respeto.

Admiración por la valentía demostrada por un pueblo pobre y sencillo, que no se doblego ni se resiga  y lucha por sus derechos sin acobardarse ante la personalidad  política y tan poderosa como era D. Juan Manrique de Lara en la Monarquía absoluta de Felipe II

Admiración también, porque en su sencillez, supieron exponer con realismo su situación, para hacer comprender a los Magistrados que habían que juzgar, eran unos pueblos que necesitaban  vivir  y que nadie mas que ellos, convenían la conservación de los pinares, de donde salía su sustento y en el futuro, saldría también el de sus hijos y nietos y así podrían permanecer en su tierra.

Siento respeto al comprobar que, -en contra de lo que cabía suponer- en el reinado de Felipe II, existía de verdad, independencia  entre el poder político y el poder judicial y cauces legales para reclamar contra los abusos  de los entonces poderosa nobleza, ya que de no ser así, no habrá sido posible el pleito ni los vecinos escuchados..

Así mismo siento asombro de que sea el mismo Rey el que expida y firme la Carta ejecutoria. Ello me lleva a la conclusión de que, Felipe II en su Monarquía, encarnaba a la vez el poder político y el poder judicial y que en el caso que nos ocupan, la Justicia se impuso a la Política.

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