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PALABRAS DE LA PRESIDENTA

 

Buenas tardes mis queridos amigos:

Tengo por costumbre solo hablar de lo que sé y domino. Lo que pienso, creo y digo lo defiendo con uñas y dientes y hablando simbólicamente si hay que morder se muerde. Por eso hoy estamos aquí.

La Fundación que como digo siempre la presido con honor y orgullo, acordamos en su día rendir un homenaje a las Víctimas del Terrorismo y demostrar con ello nuestra gratitud cariño. Dicen los patronos de la Fundación, y no les falta razón, que disfruto hablando en público y cuando lo hago en tierras sorianas y burgalesas esa satisfacción aumenta.  Pero este homenaje tiene para mí, un nuevo ingrediente, es estar en este escenario, en este Teatro Principal y en Burgos.

No tuve la suerte de nacer, por eso digo todas las veces que puedo, que uno no es donde nace sino donde pace, y yo en estas tierras burgalesas he pacido mucho, pero volvamos al acto que hoy nos ocupa. Hemos tenido que salvar muchas dificultades para llegar hasta aquí, pero lo hemos conseguido y unas de las razones de querer hacerlo en este marco es la siguiente: El día 19 de abril de 1938, con ocasión de celebrarse el primer aniversario del decreto de la unificación el General Yagüe pronunció un extraordinario discurso.

El Diario de Burgos lo relata de la siguiente manera:

A las cuatro de la tarde comenzó el acto conmemorativo el Teatro Principal se encontraba lleno de una masa enfervorizada, presidía el acto el vicepresidente del Gobierno Conde Jordana, el General Yagüe y otros jerarcas ocupan el escenario del Teatro Principal.

Ante una concurrencia como jamás se ha conocido, el General Jordana concedió la palabra al General Yagüe que pronunció el siguiente discurso:

Burgaleses.

Al hablar ante este pueblo que yo me formé, donde yo empecé a luchar por la vida, donde he disfrutado de muchas alegrías y he llorado la mayor de mi tristeza, al hablar en esta tierra cuna de todas las virtudes, y de todas las hidalguías, donde yo tengo mis mayores afectos, pido a Dios que me ilumine porque vengo a pedir perdón, por los que sufren, a tratar de sembrar el amor y desterrar el odio, a restañar heridas. Pido a Dios que me ilumine también para llevar el ánimo a los hombres de corazón frio, de los hombres faltos de fe, y que España necesita en estos momentos del esfuerzo de todos sus hijos. Yagüe pide:

Manos dignas que nos gobiernen.

Justicia social.

Ni zánganos, ni convidados.

Justicia justa.

Exaltación patriótica.

Caridad Cristiana.

Perdón para todos.

Malos tiempos les auguro a los poderosos con alma de judíos.

El tener jueces íntegros que nos garanticen una justicia justa e igual para todos es más fundamental todavía que la Justicia Social.

En todos los pueblos esto es básico, pero en el nuestro, pueblo digno y puntilloso por excelencia sobre todo, tengo la seguridad de que el hombre que viene de litigar con un poderoso y se le ha hecho justicia y llega a su casa y se encuentra que no hay nada que comer, se acuesta con el estómago vacio pero feliz, satisfecho y orgulloso de saber que su dignidad no ha sido hollada, que no hay nadie que le pueda atropellar que hay jueces que saben cumplir las leyes y aplicarlas sin mirar los antecedentes de los juzgados.

El día que nosotros tengamos jueces que nos garanticen que la Ley ha de ser igual para todos, el día que nosotros hablemos de estos jueces con orgullo y veneración, el día que cuando nos encontremos nosotros a esos magistrados por la calle les cedamos el paso y les saludemos como seres casi divinos, el día que podamos decir con orgullo “aun hay jueces en España” ese día se habrá dado un paso de gigante para la unificación y la grandeza de España.

Creo en la persona por encima de todo, porque es el único ser de la naturaleza que es capaz de cambiar la faz de la tierra. Creo en la persona, como portador de valores eternos, frase joseantoniana que refleja lo que quiero decir. Creo en la persona que posee y ejerce la honradez. El bien hacer, el trabajo, la amistad, el esfuerzo, el que mira hacia arriba para pedir ayuda, y hacia abajo para ayudar a sus semejantes, esto para mí son valores eternos y cada una de las víctimas del terrorismo habéis demostrados no solo que figura en vuestro haber con letras de oro sino que tenéis el convencimiento que no os podéis permitir el lujo de olvidar la razón de vuestras convicciones.

Las Víctimas del Terrorismo, y esto nadie os lo ha negado, soy el ejemplo vivo del señorío, de la elegancia, de la aceptación, con indignidad contenida, de ser víctimas del Terrorismo por haber perdido a vuestros seres queridos, o sufrido en vuestras carnes la garra de un atentado terroristas y lo asumís con paz, no con odio, por ello sois el espejo donde todo español bien nacido debe mirarse y seguir el ejemplo de vuestra conducta intachable.

Aquellos que nos emocionamos oyendo el Himno Nacional que inclinamos la cabeza al pasar la bandera de España, que respetamos las instituciones, que guardamos en lo más profundo de nuestros corazones el recuerdo vivo de Nuestros Muertos, que fueron asesinados por la razón de defender nuestras ideas y valores heredados de nuestros mayores pedimos a la sociedad española el reconocimiento de su sacrificio y de su generosidad.

Como creyentes que somos yo no dudo que nuestros muertos están a la diestra del Dios Padre y que desde este sitio privilegiado contemplan con emoción y alegría lo que estamos haciendo y por supuesto lo aplauden.

En ellos tenemos que confiar porque no puede ser baldía la sangre derramada y ver con tristeza y desolación que se tira por la borda cinco siglos de Historia evitar este desastre es tarea de todos y como dijo el General Yagüe hace 77 años “que España necesita en estos momentos del esfuerzo de todos sus hijos.

Creemos la Fundación Yagüe que el título de Hombre Cabal está perfectamente concedido. Y os tendremos presente por lo que sois y lo que representan en la Historia de España las Víctimas del Terrorismo

Vivimos tiempos duros y difíciles, pero mientras permanezcáis en pie y erguidos las Víctimas del Terrorismo no hay que tener miedo porque por derecho propio sois la conciencia limpia de esta Gran Nación que se llama España.

 

Mª Eugenia Yagüe Martínez del Campo

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